En los primeros años de Albarrosa, cuando los huertos familiares eran parte esencial de la vida del barrio, existió un servicio muy particular: un carro de tracción animal que distribuía estiércol de caballo a las casas. Este carro era guiado por dos hermanos, que recorrían las calles ofreciendo este valioso fertilizante para enriquecer la tierra de los huertos.
Dado que las calles no estaban asfaltadas y muchas eran empinadas, era imprescindible que el carro fuera tirado por un animal con suficiente fuerza. No sabemos con certeza si se trataba de un caballo, una mula o un burro, pero cualquiera de estos animales pudo haber sido el encargado de realizar la dura tarea.
Nuestra vecina Maika es quien nos ha explicado este capítulo de nuestro barrio. Es una suerte contar con testimonios así. ¡Muchas gracias Maika!
Nos gustaría recuperar más detalles sobre esta historia, por eso lanzamos esta pregunta a los vecinos de Albarrosa: ¿Alguien recuerda este episodio del barrio? ¿Cómo se llamaban los dos hermanos que llevaban el carro? ¿Era un caballo, una mula o un burro el animal que lo tiraba? ¿Entre qué años se llevó a cabo esta labor?
Si tienes algún recuerdo o información, nos encantaría que lo compartieras para seguir reconstruyendo la historia de nuestra Albarrosa.
Sebastián:
Nuestro vecino Sebastián, que en marzo de 2025 cumple 70 años, nos ilustró con una fantástica historia de Albarrosa. A los 13 años ya era camarero en el mítico Bar Flores. ¡¡¡¡Cuántas cosas nos podría contar!!!! De momento, nos dejó esta joya en nuestro grupo de WhatsApp:
"Buenos días.
En referencia a lo del carro de estiércol, yo puedo contar que también había otro carro, tirado por un caballo percherón, que eran muy fuertes, y repartían alfalfa para los conejos. En esa época, casi todas las casas tenían conejeras para ayudar en la alimentación del hogar.
Los que llevaban el carro eran un padre y su hijo mayor que venían de Sant Climent y paraban siempre a tomarse el 'carajillet' en el Bar Flores. Lo sé de buena tinta porque yo estaba de camarero con 13 años. Ahora tengo 70, pero como dice mi nieto: 'no pasa nada, yayo'."
Sebastián, esperamos que nos sigas proporcionando historias como esta. ¡Seguro que puedes explicarnos muchas, muchas cosas!
Mari Carmen parece alguien a quien deberíamos acudir para que nos contase sus vivencias en Albarrosa, ya que corroboró la explicación de Sebastián:
"Doy fe de esto, Sebastián", nos dijo en el grupo.
Pao entendió por qué, al adquirir su vivienda, se encontró con lo que se encontró:
"¡Qué fuerte! Cuando compramos la casa, el antiguo dueño nos dejó en el huerto muchas jaulas de conejos, y nunca entendimos por qué había tantas... hasta ahora que tú estás comentando esto 🤭
Gracias por compartir estos testimonios. Me encanta enterarme de estas historias."
Beni, otra de las veteranas en Albarrosa y muy implicada con el barrio, nos ha aportado una de las joyas que estamos descubriendo a raíz de un simple artículo:
"Respecto a los huertos, mi tío Antonio Cester tenía cuatro parcelas, porque su ilusión era tener un buen huerto como el que tenía en su pueblo natal, Alcañiz.
Actualmente su nuevo propietario mantiene los bancales, más o menos unos cinco.
También criaba gallinas, conejos y, durante muy poco tiempo, cerdos.
Recuerdo que incluso hicimos una matanza a la antigua usanza."
Como podemos ver, las historias pueden ser interminables. Solo hemos de escribirlas para que no se pierdan. Muchas ya se han perdido, pero aún podemos recuperar muchas más. Solo es ponerse.
Si conocéis alguna, no dudéis en enviarla. ¡Gracias a todos!
Josep Lozano.